PATEAR EL TABLERO AHORA ES IRRACIONAL E IRRESPONSABLE

(*) Por Juan Carlos Polini, Diputado Nacional.

Terminamos enero con una noticia que intentaba llevar tranquilidad y confianza a la sociedad y a los mercados pero ocasionó todo lo contrario: Un tsunami se desató en Argentina cuando mientras el gobierno muy satisfecho anunciaba un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional; el presidente de la bancada oficialista de diputados, Máximo Kirchner, comunicaba su indeclinable renuncia al cargo y hablaba de “dar un paso al costado para que Fernández elija a alguien que crea en el programa del Fondo no solo en lo inmediato sino mirando también más allá de diciembre de 2023”. Con decoro pero sin vueltas, mi par legislador emitió un comunicado en el que dejó ver el quiebre que atraviesa su fuerza política y habló de centralismo político, incredulidad y soluciones mágicas a la vez que enalteció –como de costumbre- la figura del fallecido presidente Kirchner. Esto solo es equiparable al cimbronazo que se vivió en septiembre del año pasado, cuando con el diario del lunes en mano, la gran mayoría de los ministros puso a disposición del presidente su renuncia luego de la derrota electoral del Frente de Todos.

Me permito compartir estas líneas porque considero que es de vital importancia que quienes ocupamos cargos de representación nos posicionemos pública y claramente sobre estos gestos políticos que hacen enteramente a la gobernabilidad de un país. Y es que más allá de las chicanas o los chimentos de pasillo, la actitud del diputado me parece tan irracional como irresponsable. Patear el tablero ahora siendo Máximo Kirchner y a sabiendas de todo lo que representa su figura y la de su familia para este país, no colabora en nada a huir de la tormenta, muy por el contrario, nos envía a 40 millones de argentinos a soportarla sin paraguas. Es precipitado y caprichoso huir cuando las cosas no salen como uno las espera, y denota un claro interés personal (o sectario) que está muy por encima de la búsqueda del bienestar general. Sin lugar a dudas me atrevo a decir que esta no pudo haber sido una decisión autónoma o unilateral, a contrario sensu, pone en jaque a la jugada del presidente y “divide las aguas” dentro del peronismo, sacando del juego una vez más a la vicepresidenta de la nación, quien guarda un silencio hermético que aturde mientras esquiva las esquirlas del juego político.

Decisiones como estas son evaluadas en el mundo y no solamente perjudican a una fuerza política, van más allá de demostraciones de poder interno y acrecientan la desconfianza de potenciales inversionistas y aliados. Insisto, como en cada declaración, en que los integrantes del gobierno debieran de una vez por todas ir a mediación para lograr los consensos y avanzar mostrando a la sociedad no solamente una fotografía

de un montón de gente junta y sonriente, sino un plan económico y de gobierno que vaya por fuera del calendario electoral y tenga al menos la intención de encausar los destinos de esta potencia mundial que es Argentina y que se encuentra estancada en rencillas que destruyen toda buena voluntad para con el crecimiento real y el progreso de TODOS.